La mozzarella campana, el brie parisino o el quescrem queso crema de Nueva York son quesos de orígenes bien distintos que comparten, sin embargo, una característica muy apreciada en la repostería y la alta cocina: la cremosidad.
Los quesos cremosos pueden definirse como aquellos que presentan una textura muy untuosa y suave, fácil de untar y de incorporar a panes, salsas, pasteles y un largo etcétera de preparados.
En los últimos años, este tipo de quesos ha ganado enteros gracias a la fama mundial del «Philadelphia Cream Cheese», que no obstante solo es la marca registrada de una variedad conocida como queso crema o cream cheese. Fue elaborado por primera vez a fines del siglo dieciocho por William Lawrence y se caracteriza por su frescura y sabor algo ácido.
En términos de cremosidad, el mascarpone tiene poco que envidiar al queso crema. Este producto se originó en la Lombardía del siglo diecisiete y posee un gusto dulce, compatible también con bocados salados. Para los amantes del tiramisú, este queso es un alimento fundamental en cualquier despensa.
Otro queso con acento italiano que también destaca por su textura cremosa es la mozzarella. El ingrediente estrella de la pasta y la pizza se elabora con leche de búfala y nació en la región de la Campania. Sus cualidades organolépticas no necesitan carta de presentación, aunque no está de más recordar su sabor láctico y suave, aroma a yogur y consistencia sedosa.
En Grecia, el queso mizithra es una delicia que se consume acompañada de miel y fruta desde hace milenios. A diferencia de los anteriores, está disponible en versiones fresca y seca.
Los gourmets de París también sacan pecho cuando de quesos cremosos se trata. Su brie, que proviene de la región de nombre homónimo, sobresale por su corteza fina, textura untuosa y color marfileño.