La tercera edad es una etapa difícil por el mayor riesgo de caída, desorientación y pérdida como consecuencia del deterioro cognitivo o el alzhéimer. Estas amenazas son fuente de angustia e intranquilidad para los familiares, pero las nuevas tecnologías están contribuyendo a minimizarlas. Una muestra son los relojes y smartwaches de teleasistencia, que adaptan las funciones típicas de estos dispositivos a las limitaciones de los adultos mayores, añadiendo otras nuevas como el botón SOS. Así, permiten consultar el tiempo en durcal por horas en formato digital y realizar llamadas de emergencia en caso necesario.
Este tipo de relojes funciona mediante una tarjeta SIM que posibilita su conexión con una central de emergencias. Prestaciones como el GPS o el detector de caídas impiden que su portador, de llegar a perderse o sufrir una caída, quedase desasistido.
Por otra parte, los teléfonos móviles para mayores no se limitan a redimensionar el teclado o simplificar la interfaz, sino que incorporan geolocalización, sensor anticaídas y una batería de larga duración. Además, se diseñan con una carcasa resistente a golpes.
Otro dispositivo de creciente demanda entre los adultos mayores es la pulsera o collar de teleasistencia. Su cometido es efectuar llamadas de SOS a través de un pulsador. Su principal atractivo es el precio económico. En el resto de apartados, pierden en la comparación con los smartwatches, capaces de contactar con los servicios de emergencia de forma automática, sin importar que su dueño inconsciente no haya accionado el pulsador de SOS.
Además de la desorientación, los ancianos ven afectada su normalidad por pérdidas de memoria, que en ciertos casos pueden impulsarles a sobremedicarse. Este peligro desaparece con el uso de dispensadores automáticos. Bajo la apariencia de un pastillero convencional, este dispositivo se bloquea en caso de liberar un número determinado de medicamentos, eliminando así el riesgo de intoxicación.